Santiago Ortega

Al momento de escribir esta columna, el Plan de Desarrollo estaba todavía en discusión. Si bien el proyecto del carril de motos fue descartado, incluye la construcción del intercambio en la 4 sur y la ampliación de la autopista desde Moravia a Zamora.

Columna escrita por Santiago Ortega Arango

Por ahí dicen que lo malo no es equivocarse sino persistir en el error. Lo curioso es que en Medellín, aunque hemos aprendido montones sobre movilidad sostenible y hemos transformado zonas enteras de la ciudad con proyectos increíbles, seguimos equivocándonos y gastando dinero en obras que perpetúan la ciudad del automóvil. Esto no tiene mucho sentido. 

La evidencia, son algunos de proyectos en el Plan de Desarrollo propuesto por Federico Gutiérrez. Si bien hay que aplaudir las inmensas inversiones en transporte público y la apuesta por recuperar el centro, el plan de desarrollo tiene proyectos nocivos y absurdos. El más visible de ellos es el intercambio de la 4 Sur con la avenida El poblado.
Este intercambio destruirá el urbanismo de la Milla de Oro, quitándoles espacio a los peatones en la zona más valiosa y atractiva de la ciudad. Además, durante su construcción, colapsaría la movilidad en la artería y afectaría la calidad de vida de miles de paisas que disfrutan la ciclovía de los domingos.
Pero independientemente de esto, el intercambio es un error porque no va a solucionar absolutamente nada. Apenas tres cuadras más arriba hay un cruce con la Avenida 34, y otras tres cuadras más allá está la transversal inferior. Lo único que se lograra es mover el inicio del taco. Después tendremos que hacer otro intercambio en la 34, y otro intercambio más arriba.
Los que defienden el proyecto dicen que hay que hacer esta obra porque hace parte del proyecto completo del puente de la 4 Sur, considerado por muchos como un error urbano ¿De verdad vale la pena gastarnos más de 36.000 millones de pesos en un error más grande?
Otro ejemplo es el carril exclusivo para motos. De entrada, cualquier conductor estaría contento porque “los motociclistas van a dejar de estorbar.” Sin embargo, una mirada más a fondo muestra que esto trae problemas. Aunque filosóficamente no estoy a favor de segregar porque creo la calle se puede compartir, mis razones para oponerme al carril son mucho más pragmáticas.
Al tomar este tipo de decisiones hay que pensar en los incentivos que generan. Un carril de motos traerá más motos a las calles y con ellas más congestión, accidentalidad y contaminación. Más motos van a necesitar más carriles exclusivos, y así nos vamos yendo.
Pero el ciclo de errores se puede romper, con soluciones menos populares pero más efectivas. En vez de tener un carril exclusivo para motos, hay que pensar en carriles exclusivos para los buses. Esto hace que el viaje en bus sea más rápido y se convierta en una opción más atractiva. Así, el sistema se fortalece y salen vehículos de las calles. Pero en el documento del plan de desarrollo solamente hay una tímida mención a esta posibilidad. ¿Nos faltará valentía para tomar las decisiones que debemos tomar?
Más allá de valentía, a veces también necesitamos apelar a la creatividad para resolver los problemas de ciudad. Uno de los proyectos más costosos de movilidad en el plan de desarrollo es la continuación de la autopista desde Moravia hasta Zamora. Esta es una obra prioritaria para la movilidad en el eje del río que implicará la reubicación de 4,000 habitantes de la zona. Como toda autopista, este proyecto empeorará la contaminación y el ruido, degradando el barrio.
Pero esta autopista puede convertirse en un proyecto de ciudad que mejore la calidad de vida de los pobladores y que permita una conexión rápida hacia el norte. Si la vía se construye como un falso túnel, se puede aprovechar la superficie para transformar a Zamora, agregar valor la zona y facilitar los procesos de relocalización en el mismo barrio. El impacto social sería enorme.
Una autopista así estaba planteada en las etapas futuras Parques del Río y, de hecho, el alineamiento actual de la vía contempla el falso túnel. Medellín puede convertirse en la ciudad que queremos que sea, a menos que caigamos en los mismos errores de siempre.
Si estamos enterrando autopistas, ¿Para qué vamos a hacer una al aire libre? No tiene mucho sentido.