Autor: Santiago Ortega
Columna publicada por el periódico El Mundo - 6 de Abril de 2016

Siempre me han gustado los atardeceres de Medellín, y sostengo que en cada época del año tienen lo suyo. A veces son despejados y de fondo entero, a veces arrebolados y a veces llenos de nubes con el sol filtrándose por lo huecos. Pero estos días, así tengamos cielos naranja, no soy capaz de disfrutarlos. 

La culpa la tiene la bruma permanente que tenemos en la ciudad hace 3 semanas, y que evidenció un problema que hemos tenido por años: el aire de esta ciudad es muy malo, y de a poquitos nos mata a todos.  Que ya se esté usando el apodo de “Medejing”, no es de gratis. La semana pasada  tuvimos niveles de material particulado iguales a los de la capital china, considerados dañinos para toda la población.

El problema no es nuevo, en el 2007 se firmó un “Pacto por la Calidad de Aire” que buscaba limpiar el aire de Medellín y ahorrarnos billones de pesos en tratamientos de enfermedades respiratorias. Aunque se lograron algunas cosas como el mejoramiento del diesel y los controles a algunas industrias y vehículos, quedaron unos pendientes que son responsables de nuestra situación actual.

El Pacto incluía implementar un sistema integrado de transporte masivo, controlar el tamaño del parque automotor y racionalizar la circulación de los vehículos particulares; además de incentivar el uso del transporte público. Lastimosamente, esa tarea no se hizo en tres alcaldías consecutivas. La cantidad de carros particulares casi se duplicó y el transporte integrado, aunque avanza, todavía está lejos de ser una realidad.

En el 2009, un concejal citó a un debate para que las autoridades rindieran cuentas sobre ese pacto. Hoy, ese concejal se convirtió en Alcalde y heredó la responsabilidad de hacer algo. La ventaja es que no está solo, porque el resto de la ciudad se ha estado moviendo. Los ciudadanos cada vez se mueven más en bicicleta, y EPM, el Metro y el Área Metropolitana firmaron un convenio el año pasado para impulsar la movilidad eléctrica en Medellín.


 

Si tenemos los mismos problemas de Beijing, desde China pueden venir las soluciones. La semana pasada un bus eléctrico articulado de la empresa china BYD vino andando desde Bogotá, usando una sola carga de batería. El propósito del viaje era probar la tecnología en nuestras montañas para ver si puede convertirse en una opción interesante para el transporte público. 

Habrá que esperar que salgan los resultados de la evaluación técnica, pero el bus subió sin problemas las lomas de Manrique. Cuando me monté, me sentí tan cómodo como en un tranvía. No hay un ruido de motor ni las patadas de los buses al meter el cambio. En otras palabras, es la locura china.

La decisión de ver este bus rodando en Medellín depende de la junta directiva de EPM. En mayo decidirá si aprueba presupuesto para participar en la compra del primer bus eléctrico, construir estaciones de carga pública de carros eléctricos por la ciudad y empezar un esquema para masificar la movilidad eléctrica en el ámbito residencial. 

Para que la ciudad disfrute de los beneficios de los vehículos eléctricos, también hay que apostarle desde la Alcaldía. Hay que incluir la movilidad eléctrica en el Plan de Desarrollo, porque hasta ahora no aparece en ninguna parte. Eso es primordial para crear los incentivos que convenzan a las empresas y ciudadanos pasarse a la electromovilidad. 

Los chinos dicen que hablando no se cocina el arroz. En Medellín nos tenemos que poner a hacer la tarea que está pendiente y a tomar las decisiones valientes para tener la ciudad que queremos: menos vehículos particulares, un trasporte público ejemplar, menos diesel y más electricidad. O si no, acostumbrarnos a la bruma que no nos deja ver el cielo; como en Beijing.

PD: Para solucionar el problema del aire de forma definitiva, Medellín necesita crecer hacia el centro en vez de expandirse hacia las lomas. Esto se traduce en un transporte público más eficiente, menores distancias de viaje y en una ciudad caminable. El Proyecto Parques del Río es imprescindible para convertirnos en esa ciudad.