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Investigadores de la Universidad EIA desarrollaron un proceso para elaborar materiales compuestos a partir de la celulosa residual que resulta de la producción de papeles suaves.

Las grandes empresas productoras de papeles suaves (servilletas, papel higiénico, pañales y demás) cuentan con plantas de tratamiento de agua que aplican procedimientos biológicos, químicos y físicos a las aguas residuales para devolverlas menos contaminadas al ambiente. Una vez se expulsan las aguas tratadas, en las empresas se acumula un lodo compuesto mayormente por celulosa, tintas, arcillas y otros minerales. Aún en nuestros días, lo que se hace con estos lodos es disponerlos como residuos semisólidos en ciertos suelos autorizados por las autoridades ambientales. Esta disposición ocupa vastas extensiones de tierra y puede provocar inestabilidad en los terrenos.

 

Con el fin de mitigar el impacto ambiental de estos residuos, los investigadores de la Universidad EIA, Adriana María Quinchía Figueroa y Marco Fidel Valencia García, desarrollaron un proceso a través del cual aprovechan estos lodos para elaborar materiales alternativos, mezclados con polímeros.

Una gran cantidad de objetos, como materiales de construcción no estructurales, herramientas, utensilios de hogar y de trabajo en general, están hechos de polímeros como PVC, poliestireno, PET y resinas poliestéricas, mezclados con otros materiales como fibra de vidrio y carbonato de calcio, minerales que se extraen de la tierra mediante procesos que conllevan alteraciones del medio natural. En contraposición a esto, el proceso desarrollado en la EIA permite prevenir la extracción de minerales y reciclar los desechos industriales.

“Lo que queremos hacerles ver a los empresarios es que, con un poco de ciencia y tecnología, lo que generan como residuos puede convertirse en oportunidades de negocio con valor agregado y beneficio ambiental. Las empresas asumirían un costo mínimo para transformar los lodos de papel, comparado con el costo de la disposición de estos residuos. Por otra parte, los empresarios que usan los polímeros no tienen que hacer nada nuevo o adicional, ningún cambio en sus tecnologías”, explicó la investigadora Adriana Quinchía, quien añadió que “los dueños de los equipos usados para la manipulación de los polímeros pudieran tener temor de emplear estos nuevos materiales, sin embargo ya se han hecho pruebas a escala industrial con resultados positivos y los elementos fabricados fueron conocidos por la Superintendencia de Industria y Comercio antes de conceder la patente”.

Acerca de los inventores

Quinchía Figueroa es ingeniera agrícola con maestría en ingeniería ambiental y doctorado en ingeniería. Valencia García es ingeniero de materiales con maestría en la misma rama y doctorado en ingeniería. Además de ellos, estudiantes de ingeniería ambiental e ingeniería civil de la EIA y otros investigadores participaron en múltiples proyectos conducentes al desarrollo de esta tecnología.

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